Juan Carlos Corvera participa en el Foro Educativo por la Libertad de Enseñanza

Juan Carlos Corvera participa en el Foro Educativo por la Libertad de Enseñanza

El pasado 9 de junio Juan Carlos Corvera intervenía en el Foro Educativo por la Libertad de Enseñanza, que se celero en el salón de actos de la Universidad CEU-San Pablo y que bajo el título Educación afectivo-sexual y perspectiva de género la ponencia del presidente de Educatio Servanda se centró en los peligros que supone la ideología de género y su introducción en la educación de los niños.

Por si es de su interés la reproducimos transcrita a continuación:

 

Educación afectivo-sexual e ieología de género   

“No se nace mujer: una llega a serlo.” Esta frase de 1949 escrita por Simón de Beauvoir en su libro clásico del feminismo “El segundo sexo” ya hacía presagiar en la última parte del Siglo pasado, lo que definitivamente ha terminado de emerger con fuerza en este: la desconexión antropológica entre sexo y género.

En la separación de estos dos conceptos están fundadas todas las teorías de género, que básicamente y por resumir, niegan que la realidad biológica del sexo tenga ningún tipo de condicionante a la construcción subjetiva del género. El sexo como anécdota biológica y el género como constructo cultural.

El pensamiento filosófico moderno, dicotómico entre la objetividad de las primeras filosofías realistas y la subjetividad de las últimas subjetivistas, que terminaron desembocando en el relativismo, tienen su expresión en el terreno antropológico de la sexualidad en las teorías de género, que han germinado el terreno abonado de los roles de género puestos en entredicho por la revolución feminista de segunda ola.

¿Soy lo que soy realmente, objetivamente, biológicamente? O ¿soy lo que siento que soy subjetivamente, psicológicamente? ¿Hay una relación entre mi objetividad biológica y mi subjetividad psicológica o son completamente independientes?

Son estas preguntas de fondo, que hunden sus raíces en la naturaleza humana, y para las que todos debemos buscar respuestas y argumentos, que son fundamentales para nuestra propia vida y para la educación de nuestros hijos y necesarios también para comparecer en el debate ideológico contra las teorías de género.

Quienes afirman que no existe ningún tipo de relación entre la realidad objetiva de la persona y su percepción subjetiva, resuelven en caso de conflicto entre ambas esferas dándole prevalencia al afecto frente a la razón. Soy lo que siento que soy.

Al hacerte un perfil en Facebook puedes elegir entre más de 56 tipos de género para que, tal como explica la propia red social, cada uno pueda “sentirse cómodo con su verdadero y auténtico yo”. El auténtico es el que siento.

¿Pero qué ocurriría si la premisa de la que parten las teorías de género fuesen falsas?, ¿Qué pasaría si la realidad biológica binaria de la especie humana, determinase el género de manera objetiva y por tanto universal para la especie humana, aunque en el desarrollo posterior de cada persona evidentemente influyesen su cultura, su interacción con la sociedad, sus costumbres, su psicología, sus experiencias… y simplemente expresase su género masculino o femenino de una manera individual, particular, única e irrepetible aunque no fuese siempre acorde con los roles sexuales más comunes?

Si así fuese, llegaríamos a la conclusión de que deconstruyendo el género estaríamos necesariament

e deshaciendo a la persona en su totalidad, hombre o mujer. Estaríamos abordando una verdadera mutación antropológica de la persona. Deconstruyendo el género destruimos a la persona. Y eso es, a mi juicio, en lo que estamos metidos de lleno y en unas dimensiones desconocidas hasta ahora. Y con la destrucción de la persona, necesariamente desaparece también la familia.

Según The New Atltantis, un estudio sobre la Sexualidad y género subtitulado Conclusiones de la Biología, la Psicología y las Ciencias Sociales, desarrollado por los doctores Mayer y McHugh, “la capacidad para reconocer excepciones a la conducta típica de un sexo se basa en una comprensión de la masculinidad y feminidad independiente de los estereotipos sobre qué conductas son adecuadas para cada sexo. La base subyacente de la masculinidad y la feminidad es la distinción biológica de las respectivas funciones reproductivas; en mamíferos, como el ser humano, la hembra gesta la prole y el macho fecunda a la hembra. En un sentido más universal, el macho de la especie fecunda los óvulos que le proporciona la hembra. Esta base conceptual de los roles sexuales es binaria y estable, y nos permite distinguir machos y hembras en función de sus aparatos reproductores, incluso si los sujetos manifiestan conductas que no son típicas de macho o de hembra”.

 

Lo que es incontestable es que existen en la actualidad, en lo que se refiere a las teorías de género, dos posturas opuestas. La cosmovisión de la persona en este sentido ya no es univoca. ¿El sexo de mi hijo o de mi hija determina su género masculino o femenino ó por el contrario pueden construirse un género “propio”, uno de entre los 56 de Facebook, sin tener en cuenta su sexo?

Es una pregunta crucial porque su respuesta determina el punto de partida y la dirección concreta para enfocar la educación afectivo-sexual de nuestros hijos.

Los miembros del gobierno social-comunista actual, y no utilizo el término de manera despectiva sino descriptiva, responden con palabras y hechos de manera unánime que el género puede construirse sin tener en cuenta en absoluto el sexo biológico con el que nacemos.

Y habiendo tomado esa posición, pretenden imponerla a propios y extraños mediante la generación de todo tipo de leyes y normas: sociales, laborales, sanitarias y educativas. Sí, también educativas, diría que sobre todo educativas. Quieren educar a nuestros hijos con su particular visión sobre la sexualidad humana incluso si sus padres no están de acuerdo con esas teorías y para imponerlas utilizan los colegios sometidos a la presión de las administraciones con el señuelo del “bien superior del menor”.

Para desenmascarar el eufemismo utilizado para intervenir en la educación de nuestros hijos del “bien superior del menor”, es preciso traducir lo que se esconde detrás. En términos coloquiales viene a ser más o menos esto: “como la familia de este pobre niño es todavía de los pitecántropos, debemos nosotros, Estado, asumir, “por el bien superior del menor” su educación en materia afectivo sexual. Una variante sexual roussoniana de liberación del niño de la mentalidad retrógrada de sus padres, pendientes de evolución.

Por este motivo, es cada vez más necesario que todos los centros educativos, todos, estatales, de iniciativa social o concertados y privados presenten negro sobre blanco, su visión antropológica de la persona en relación con su sexualidad. Que informen a las familias sobre su posición frente a estas teorías de género, sobre cuál es su concepción de la persona en esta esfera fundamental.

No debería sorprender a nadie que fuese transparente esta visión sobre la persona. En otras esferas también fundamentales se viene haciendo desde hace décadas con transparencia y normalidad. Por ejemplo, en lo que se refiere al pensamiento de la persona sobre su trascendencia. Cuando nos informamos sobre un centro educativo, podemos leer con total naturalidad en muchos de ellos: somos un colegio católico, somos un colegio laico, aconfesional, etc.

Puesto que este aspecto del sexo y del género en la cosmovisión de la persona ya no es unívoco y es asunto cardinal, debe ser conocido por las familias. El que planteo no es un tema menor. En primer lugar, porque supondría un ejercicio de honestidad con las familias que están seleccionando la institución o centro que va a acompañarlas en la educación de lo más preciado que tienen, sus hijos.

En la concepción del sexo y del género estará basada la orientación de la educación afectivo sexual que en ese centro van a recibir nuestros hijos. Por eso debería figurar de manera clara y suficientemente motivada en los documentos de idearios de los centros y si no figura, deberíamos preguntarlo expresamente.

Ello, además de la virtud incontestable de la transparencia con las familias, constituye para el centro un dique de contención jurídica y moral del modelo antropológico determinado por el centro y elegido por las familias, ante normas, iniciativas, actividades y talleres que puedan suponer una conculcación de ese ideario.

En la defensa jurídica que nuestra institución, Educatio Servanda, llevó a cabo contra la sanción impuesta por la Ley Cifuentes a uno de nuestros centros, y que constituyó el primer varapalo judicial a este tipo de leyes en España, se aludía de manera directa, entre otros fundamentos jurídicos al de “la violación del derecho fundamental a la libertad de enseñanza en diversas de sus manifestaciones reconocidas en el artículo 27 de la Constitución” y, más concretamente de algunas de sus manifestaciones específicas, como la libertad de enseñanza (artículo 27.1), la libertad de creación de centros docentes (artículo 27.6) y el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral conforme a sus propias convicciones (artículo 27.3), por no citar aquí, otros artículos y declaraciones de rango internacional.

 

La libertad de enseñanza que explícitamente reconoce la Constitución (artículo 27.1) debe ser entendida, tal como proclama el Tribunal Constitucional, (abro comillas) “como una proyección de la libertad ideológica y religiosa y del derecho a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones que también garantizan y protegen otros preceptos constitucionales (especialmente artículos 16.1 y 20.1)” (Sentencia del Tribunal Constitucional 5/1981, de 13 de febrero); cierro comillas.

 

Los centros de iniciativa social, que tienen su sentido en el momento que expresan un modelo educativo basado en un ideario específico, en el uso de su libertad de enseñanza y definición de dicho ideario no pueden, no podemos, asumir acríticamente normas y acciones que van abierta y directamente en contra del mismo.

 

Los centros educativos debemos ser claros en nuestros idearios en lo que respecta a este aspecto fundamental de la visión de la persona. Incluso aquellos de titularidad católica, donde evidentemente se da por hecho que se asume la visión cristiana de la persona, y que por tanto sexo y género son dos conceptos inseparables, debemos también explicitarlo en nuestros idearios.

 

También los padres estamos protegidos por el mismo artículo de la Constitución que nos garantiza el derecho a que nuestros hijos reciban la formación religiosa y moral -¡no sólo religiosa!- conforme a nuestras propias convicciones.

 

Los padres de familia debemos afianzar una respuesta educativa en lo que respecta a la educación afectivo-sexual de nuestros hijos. Y después de ello abordemos mediante actos educativos concretos, por acción de los elementos que coadyuven y por omisión de los que no lo hagan, la educación afectivo sexual de nuestros hijos. No lo fuercen, sólo estén atentos a sus preguntas, eso sí, aprendiendo a mirar más allá de la literalidad de lo que les plantean, para tratar de descubrir lo que verdaderamente quieren conocer. Eduquemos en la afectividad, la sexualidad y el amor a nuestros hijos. Hagámoslo nosotros hoy antes de que otros lo hagan mañana.

 

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