Reproducimos a continuación la ponencia que el pasado lunes día 12 de Marzo, presentó D. Juan Antonio Perteguer, patrono de la fundación, en el Foro Cristianismo y Sociedad.
Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor…no soy nada.. si no tengo amor, de nada me sirve. El amor es comprensivo, el amor es servicial…. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. (1 Cor, 12)[i]
¿CÓMO VIVIMOS LA CARIDAD EN LA EDUCACIÓN CATÓLICA DEL SIGLO XXI?
En los centros educativos católicos es raro oír esta palabra “caridad”, salvo para alguna cuestación a favor de algún proyecto lejano. Sin embargo es la virtud social más importante. Si no tengo caridad, si en la educación católica no hay caridad, no somos nada. De nada nos sirve tener 5347 centros educativos católicos en España[ii], si no viven la caridad, de nada sirve.
La caridad como nos recuerda Benedicto XVI en la encíclica “Caritas in veritate” sólo puede ser vivida y resplandece en la verdad. La verdad es luz que da sentido y valor a la caridad.[iii]
La caridad, nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica[iv], es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por él mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios.
Caridad en la verdad. Para vivir la caridad lo primero es que el centro educativo católico sea “católico”. Pudiera parecer una obviedad, lamentablemente no lo es. Los centros educativos católicos sufren una grave crisis de identidad, muchos ya no buscan su esencia educativa en Cristo Jesús, en la Iglesia, en sus santos fundadores. En nuestros días, los “patronos” de nuestros centros educativos católicos son el zoólogo Piaget, el materialista Vigostky, la inteligencia emocional de Goleman o las inteligencias múltiples de Gardner[v].
Premisa fundamental pues para vivir la caridad es que el centro educativo sea verdaderamente católico, es urgente reconquistar una identidad “católica” en nuestros centros educativos.
En segundo lugar, tenemos que ser conscientes de que la familia tiene una función original e insustituible en la educación de los hijos. El derecho y el deber de los padres a la educación de la prole se debe considerar « como esencial, relacionado como está con la transmisión de la vida humana; como original y primario, respecto al deber educativo de los demás, por la unicidad de la relación de amor que subsiste entre padres e hijos; como insustituible e inalienable, y… por consiguiente, no puede ser totalmente delegado o usurpado por otros »[vi].
Por lo tanto, si un centro educativo católico no reconoce esta verdad, en él no se vivirá plenamente la caridad. Mi experiencia en este campo no es positiva. Hemos olvidado en la práctica que la escuela tiene que estar al servicio de la familia ayudándola en la educación de sus hijos, no sustituyéndola e invirtiendo los papeles. Educación Para la Ciudadanía o la educación sexual tal y como se explican en nuestras aulas[vii], son un triste ejemplo de cómo se conculcan los derechos de los padres en muchos centros católicos.
En tercer lugar quiero referirme a la atención a los más necesitados en los centros educativos católicos de Europa. Todos conocemos cómo San José de Calasanz, San Juan Bautista de la Salle, San Juan Bosco, y otros muchos santos, han dado respuesta de auténtica caridad cristiana a los más necesitados de su tiempo. ¿Qué ocurre en nuestros centros ahora?
No quiero detenerme en los casos más obvios de pobreza material, nadie debería ser excluido de nuestros centros por dificultades económicas, parece evidente. Quiero referirme a los pobres “sin esperanza”, a los alumnos que por una u otra razón “fracasan” en nuestro sistema educativo.
Las cifras estremecen, uno de cada tres alumnos fracasa[viii]. Nos encontramos con una inmensa muchedumbre de niños y jóvenes “fracasados”, sin futuro, sin esperanza. ¿Dónde está la opción preferencial por los pobres[ix] y necesitados en nuestros centros educativos católicos? Las familias refieren con demasiada frecuencia que desde el centro católico le “invitaron” a que se llevara a su hijo hiperactivo o disléxico, y dejara al resto de los hermanos “normales”.
Es un reto urgente formar equipos directivos y maestros católicos, que den una respuesta desde la caridad, a los alumnos con necesidades educativas especiales, que son los más pobres de la España de inicios del siglo XXI.
Esta respuesta, teniendo en cuenta la verdad que sobre el hombre nos aportan todas las ciencias, la encontramos en las obras de misericordia espirituales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, corregir al que yerra, perdonar las injurias, consolar al triste, sufrir con paciencia los defectos del prójimo y rogar a Dios por los vivos y difuntos.
A mi modo de ver, la labor de un educador es conseguir que cada niño descubra los talentos que Dios le ha dado, y con exigente cariño, ayudarle a desarrollarlos al máximo.
En mi opinión los verdaderos desafíos de los centros educativos católicos en el siglo XXI son: redescubrir su identidad católica, saber que su misión es ayudar a las familias en la educación de TODOS sus hijos, con una opción preferente por los alumnos más necesitados.
Madrid, 12 de marzo de 2012
Juan Antonio Perteguer Muñoz
[i]“Hermanos: Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino excepcional. Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden. Ya podría tener el don de profecía y conocer todos los secretos y todo el saber, podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada. Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve. El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca. ¿El don de profecía?, se acabará. ¿El don de lenguas?, enmudecerá. ¿El saber?, se acabará.” 1 Cor 12, 31-13, 13
[ii] Memoria Justificativa de actividades 2009 de la Iglesia en España. http://www.conferenciaepiscopal.es/index.php/memoria-justificativa/2009.html
[iii] Carta Encíclica Caritas In Veritate del Sumo Pontífice Benedicto XVI
[iv] Catecismo de la Iglesia Católica 1822
[v] Fere – Escuelas Católicas en su página Web: “Educar y Prevenir no es volcar repertorios de respuestas. Educar y Prevenir es crear en el alumno estructuras que emplee de forma cada vez más autónoma. El objetivo es mejorar la inteligencia emocional de nuestros alumnos y dotarles de las habilidades que más van a necesitar en su futuro personal, familiar y social y profesional: mejor autonomía, autoestima, valores, habilidades de planificación, autocontrol, autoconcepto, voluntad… Base: Vigotsky, Piaget, D. Goleman, A. Ellis”
http://www.escuelascatolicas.es/pastoral/Paginas/Basestecnicas.aspx
[vi] Juan Pablo II, Exh. ap. Familiaris consortio, 36: AAS 74 (1982) 126; cf. Catecismo de la Iglesia
Católica, 2221
[vii] La Asignatura “Educación para la Ciudadanía” “Los padres harán muy bien en defender con todos los medios legítimos a su alcance el derecho que les asiste de ser ellos quienes determinen la educación moral que desean para sus hijos. Los centros católicos de enseñanza, si admiten en su programación los contenidos previstos en los Reales Decretos, entrarán en contradicción con su carácter propio, informado por la moral católica.” (La Ley Orgánica de Educación (LOE), los Reales Decretos que la desarrollan y los derechos fundamentales de padres y escuelas, n. 13. 28-02-2007.
Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española)
[viii] http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=22204&id_seccion=33
[ix] “El destino universal de los bienes y la opción preferencial por los pobres nos implica personal y socialmente.”Exhortación Apostólica Postsinodal Sacramentum Caritatis nº 88, de S.S. Benedicto XVI.
“El principio del destino universal de los bienes exige que se vele con particular solicitud por los pobres, por aquellos que se encuentran en situaciones de marginación y, en cualquier caso, por las personas cuyas condiciones de vida les impiden un crecimiento adecuado. A este propósito se debe reafirmar, con toda su fuerza, la opción preferencial por los pobres”. Cf. Juan Pablo II, Discurso a la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Puebla (28 de enero de 1979), I/8: AAS 71 (1979) 194-195.